Desde la antigüedad, el ser humano ha intentado comprender la naturaleza del espacio. Para los filósofos presocráticos como Parménides, el espacio era una ilusión dentro de un universo estático e inmutable. En contraste, Leucipo y Demócrito, con su teoría atomista, lo consideraban un vacío infinito en el que los átomos se movían libremente. Platón, en su Timeo, describía el espacio como un receptáculo inmaterial donde se manifestaban las formas ideales. Aristóteles, por su parte, concebía el espacio como el "lugar natural" ocupado por los objetos y negaba la posibilidad del vacío, sosteniendo que el universo estaba plenamente ocupado por materia.
Con la revolución científica del siglo XVII, Isaac Newton estableció una visión distinta y matemáticamente rigurosa del espacio y el tiempo. Para él, el espacio era un "escenario absoluto" donde ocurrían los eventos físicos, independiente de la presencia de cuerpos materiales. Su visión sería redefinida siglos más tarde por Albert Einstein con su teoría de la relatividad, pero por ahora nos centraremos en la perspectiva clásica.
Newton sostenía que el espacio absoluto permitía definir un marco de referencia universal en el que se podían medir de manera inequívoca los movimientos. Sin embargo, en sistemas de referencia acelerados, aparecen fuerzas ficticias que no tienen una causa física real, sino que surgen del movimiento del propio sistema.
Se denomina marco de referencia inercial a aquel en el que no aparecen fuerzas ficticias. En un automóvil en movimiento, si ocurre un choque, los ocupantes pueden sentir que una fuerza los empuja hacia adelante. Sin embargo, esta no es una fuerza real, sino una consecuencia de la inercia. Desde la perspectiva de un observador en reposo en la calle, los pasajeros simplemente continúan en movimiento hasta que son detenidos por el cinturón de seguridad u otra parte del vehículo. Para este observador externo, no existen fuerzas ficticias, ya que su sistema de referencia es inercial.
Desde la antigüedad, el tiempo ha sido un concepto central en la filosofía y la ciencia. Para Heráclito, el tiempo estaba ligado al cambio constante, mientras que Parménides consideraba que el tiempo y el cambio eran ilusiones. Aristóteles, en su Física, definió el tiempo como "la medida del movimiento respecto a un antes y un después".
Newton concebía el tiempo como una magnitud absoluta e independiente, al igual que el espacio. En su visión, el tiempo fluía de manera uniforme en todo el universo, sin verse afectado por los eventos físicos ni por la presencia de materia.
Si bien Newton consideraba el espacio absoluto, también reconoció que la posición de un objeto no tiene sentido si no se especifica un punto de referencia. Por ejemplo, si un tren se mueve respecto a la Tierra, un pasajero dentro del tren podría estar en reposo respecto al vagón, pero en movimiento respecto a una persona en el andén.