En el universo existe una interacción fundamental llamada gravedad. La gravedad hace que todos los cuerpos con masa se atraigan entre sí. Esta interacción es la que organiza gran parte de los movimientos que observamos en el cosmos.
La atracción gravitatoria depende de la masa de los cuerpos y de la distancia entre ellos. Cuanto mayor es la masa de los objetos, mayor es la fuerza con la que se atraen. Y cuanto más cerca están entre sí, también mayor es la fuerza de atracción. Por eso los cuerpos muy masivos, como los planetas o las estrellas, pueden atraer grandes cantidades de materia a su alrededor.
La mayor parte de la materia del universo está formada por átomos de hidrógeno y helio, los elementos más simples y abundantes. En muchas regiones del espacio estos átomos se encuentran formando grandes nubes de gas llamadas nubes interestelares.
Debido a la atracción gravitatoria entre los átomos, la materia dentro de estas nubes comienza lentamente a concentrarse. A medida que los átomos se acercan, la nube se vuelve cada vez más densa y acumula más masa, lo que hace que la gravedad aumente todavía más. Este proceso puede durar millones de años.
Cuando la masa acumulada es suficientemente grande, la gravedad comprime cada vez más el gas en el interior de la nube. Al comprimirse el gas aumentan la presión y la temperatura en la región central.
Si la temperatura y la presión se vuelven lo suficientemente altas, ocurre un proceso fundamental: la fusión nuclear. En el centro de la nube, los núcleos de hidrógeno chocan entre sí con tanta energía que pueden unirse formando núcleos de helio.
Durante esta reacción nuclear no solo se transforma hidrógeno en helio. También se libera una gran cantidad de energía. Parte de la masa de los núcleos se transforma en energía, que se manifiesta en forma de luz, radiación y movimiento de las partículas.
Cuando estas reacciones nucleares comienzan a producir energía de manera continua, la nube de gas deja de contraerse y empieza a emitir luz. En ese momento decimos que ha nacido una estrella.
Una estrella es entonces una enorme esfera de gas en cuyo interior se producen reacciones nucleares de fusión. La energía generada en el núcleo viaja hacia el exterior y se libera al espacio en forma de luz y calor. Gracias a este proceso las estrellas pueden brillar durante millones o miles de millones de años.
Nuestro Sol es una estrella que produce su energía justamente de esta manera: en su núcleo los átomos de hidrógeno se fusionan formando helio y liberando enormes cantidades de energía.